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La Gran Contribución de H. S. Olcott para el Buddhismo

Editorial Junio 2016

 

El “Catecismo Buddhista” que H. S. Olcott confecciona para impulsar el conocimiento sobre el Buddhismo, se convierte en un extraordinario punto de partida para acercarse a las prácticas que pueden cambiar la vida del hombre, basadas en una disciplina de orden Moral único.

Olcott, impulsado por un pedido de su Maestro, comienza un intenso trabajo junto a H. P. Blavatsky, para hacer resurgir más ampliamente la Religión-Ciencia que había quedado casi relegada y por lo tanto poco conocida. Este conocimiento, tiene un orden extraordinario en su constitución, Sidartha Gautama, el Buddha, dejó “Las Llaves del Reino”, para que el hombre pudiera abrir las puertas de su propio Sendero Interior y alcanzar ese sublime estado que él había alcanzado. Los Mahatmas, de H.P.B., se declaran abiertamente Buddhistas en sus cartas y asumen un profundo respeto por el Señor Gautama, el Buddha, saben ellos que aunque más no fuera, una parte de la humanidad, pueda hacer un supremo esfuerzo, e incorporar a sus vidas la disciplina del Buddhismo, el destino de la humanidad podría ser muy diferente al que está sufriendo hoy.

Podemos estudiar la carta nº 10, donde el Mahatma K.H. dice en una de sus partes lo siguiente: “Nuestra Doctrina no conoce términos medios. Ella afirma o niega, porque nunca enseña sino aquello que sabe que es verdad. Por consiguiente, nosotros negamos a Dios como filósofos y como Buddhistas”. Vemos aquí, que a poco de comenzar la carta, sobresale esta declaración donde se declaran Buddhistas.

H.P.B. descorre un velo desconocido para la mayoría de los Occidentales y quizá para los mismos Orientales, que han quedado impedidos de conocer, que detrás de las paredes del tiempo pasado, se encuentran verdades esenciales sobre lo que el Buddha enseñó y como luego sus enseñanzas también habían sufrido modificaciones, pero lo que más llama la atención es la negación que surge de algunas sectas Buddhistas de que existe una enseñanza esotérica, dejada por el Sakiamuni, y que una enseñanza exotérica es la que ha prevalecido llegando a nuestros días cada vez más diluida en su contenido.

A esto H.P.B. dice: “Mientras que los Buddhistas Sureños no tienen idea de la existencia de una Doctrina Esotérica —guardada como una perla dentro de la concha de cada religión— los Chinos y los Tibetanos han preservado numerosos registros del hecho. Degenerada, caída como está ahora la Doctrina públicamente predicada por Gautama, está sin embargo preservada en esos monasterios en China que están localizados más allá del alcance de los visitantes. Y aunque por más de dos milenios, cada nuevo ‘reformador’, quitando algo original lo ha reemplazado por alguna especulación propia, la verdad persiste aún ahora entre las masas. Pero es solamente en la Transhimalaya inalterable —vagamente llamada Tibet— en los lugares más inaccesibles del desierto y la montaña, que la ‘Buena Ley’ esotérica el ‘Sello del Corazón’ vive hasta el presente día en toda su prístina pureza”1.

Los fundadores del Movimiento Teosófico, vieron necesario contribuir con la difusión del Buddhismo, ya que ellos conocían todo lo referente a su esencia y cómo el paso del tiempo junto con las clásicas supersticiones y negaciones, habían causado un debilitamiento serio en las enseñanzas de una fuente luminosa de Sabiduría, como lo es el Sr. Gautama el Buddha. Ellos mismos, tomaron el Pansil, declarándose Buddhistas en Ceylán (actual Sri Lanka). Algo más, sobre la “Doctrina del Corazón” tenían ellos que decir, por ello, H. S. Olcott, emprende un viaje por la esencia de esta Sabiduría, haciendo causa común con el Buddhismo, tratando de unir ambas escuelas, la del sur y la del norte y a la vez, propagando sus enseñanzas más importantes y revelando lo que en esa época se podía decir, sobre partes desconocidas, para Occidente, que como dijimos antes, habían quedado sepultadas en las arenas del tiempo, o negadas o empobrecida su difusión por la causa que siempre impide ver la Luz, que es la ceguera mental de aquellos que por distintas causas y una de ellas el egoísmo o el exceso de celo, no pudo trascender al mundo, de hecho, por siete siglos estaba casi desaparecida de la India. Pero aquí encontramos a H.P.B. diciendo algo más que importante: “La Doctrina del Ojo”, significa dogma y una figura de letra muerta, ritualismo de iglesia pensado para aquellos que se contentan con formulas exotéricas. “ ‘La Doctrina del Corazón’, o ‘Sello del Corazón’ (el Sin Yin), es la única real. Esto puede encontrarse corroborado por Huen Tsang, en su traducción del Maha-Prajna-Paramita (Ta-Poh-Je-King), en ciento veinte volúmenes, se dice que, ‘Ananda era el discípulo favorito’ de Buddha, quien después de que su gran Maestro se había ido al Nirvana, fue comisionado por Kashyapa para promulgar ‘El Ojo de la Doctrina’, habiendo sido dejado el ‘Corazón de la Ley’, sólo con los Arhats”2.

H. S. Olcott, junto a H.P.B., tienen un encuentro histórico en Ceilán (Mayo 1880), con un joven que daría un impulso importantísimo al Buddhismo, este joven llamado Anagarika Dharmapala pasa un largo tiempo con H.P.B. y Olcott en la India (por seis años) y es H.P.B. quien le dice que debe trabajar por y para la Humanidad y el Buddhismo. Y le urge para que aprenda el idioma Pali, idioma en que se encuentran las enseñanzas más autorizadas del Buddha, Dharmapala Anagarika tiene una extraordinaria fuerza interior que la aplica para consumar esa extraordinaria obra que el finalmente ejecuta vivificando el Buddhismo y creando finalmente varios Colegios de enseñanzas y la Sociedad Maha Bodhi, viajero incansable este gran reformador logra con su esfuerzo, una victoria contundente contra el avance del Cristianismo y el Brahmanísmo que amenazaban con hacer desaparecer estas antiguas enseñanzas, tanto en Ceylán como en los demás países en los que el visitó dando extraordinarias conferencias, enseñando el Dharma. Viajó con H. S. Olcott por Ceylán buscando fondos económicos para la obra que ya había comenzado Olcott en favor del resurgimiento del Buddhismo, también lo acompaña a la exitosa gira que Olcott realiza en Japón, donde Olcott, después de recorrer 33 ciudades en las que terminó dando 76 conferencias públicas y semi-públicas ante 187.500 personas en total, según él cuenta en Historia de la Sociedad Teosófica3. “Estoy hoy aquí, para expresar mi más profunda simpatía, mi más profunda alianza con la causa Teosófica, simplemente porque ella me hizo respetar mi propia religión”, así se expresa Dharmapala en el Congreso Mundial de las religiones en Chicago en 1891. Si bien Dharmapala finalmente se aleja de Olcott y del Movimiento Teosófico, no lo hace de la Teosofía ni de su fiel idea de los Maestros, ni lo hace de H.P.B. a quien estima y admira, agradecido profundamente. Pero, estos acontecimientos no evitan que lo aprendido por él junto a Olcott y H.P.B. fundamentalmente, le siga impulsando por el Sendero que su corazón espiritual le guiaba.

Existen una variedad de opiniones escritas por historiadores y escritores de esa época y en adelante que han escrito sobre el lugar que ocupa Olcott en la Historia, pero, mucha de esa gran obra que este empeñoso hombre realiza, posiblemente esconda un secreto entre él y su Maestro que jamás sabremos, pero en esos tiempos se pudo rescatar del taciturno olvido, esta Ciencia que permite acceder a las diferentes escalas del Sendero Humano, que lleva a la perfección y que permite hacer surgir al Hombre Real. A pesar de las diferencias que pudieron haber entre Olcott y A. Darmapala, ambos hicieron que el Buddhismo sea reconocido y los Buddhistas pasaron a ocupar un lugar importante dentro del concierto de las religiones mundiales, e increíblemente, ambos trabajan finalmente, sobre el mismo Plan, y la obra de A. Dharmapala aún prosigue, a través de los colegios que él fundó.

Si bien la Teosofía es enormemente abarcativa en la Sabiduría que contiene, una parte de esta Ciencia, sólo es posible realizarla por la práctica de la disciplina Buddhista, esta es la Ciencia de la Auto-realización, la cual comienza con “Las Cuatro Nobles Verdades y El Octuple Sendero”, para resolver los “Doce Impedimentos” o Nidanas y los Cinco Skadhas que integran estos doce Nidanas.

En Historia de la Sociedad Teosófica escrita por Olcott, donde en base a su diario y recuerdos él expone una suma de acontecimientos históricos. Es en estos escritos que él narra su visita a Ceylán junto a H.P.B. y en una de sus partes dice: “El 25 de mayo, H.P.B. y yo ‘recibimos el Pansil’ del venerable Bulátgama en el templo cuyo nombre no recuerdo (Vijayanand Vihara, Weliwata de Galle), y fuimos oficialmente reconocidos Buddhistas. Habían levantado un gran arco de follaje en el patio del monasterio, con la inscripción ‘Bienvenida a los miembros de la Sociedad Teosófica’. Mucho antes, en América, nos habían declarado Buddhistas, de manera que esto fue sólo una confirmación oficial de nuestra profesión de fe”. Y en otra parte declara: “Pero es muy diferente ser un verdadero Buddhista, de ser un sectario moderno del Buddhismo. Yo declaro en nombre de H.P.B. así como en el mío, que si el Buddhismo tuviese un sólo dogma obligatorio, no hubiéramos tomado el Pansil, ni hubiésemos seguido siendo Buddhistas más de diez minutos. Nuestro Buddhismo era el del Maestro Adepto Gautama el Buddha, idéntico a la Religión-Sabiduría de los Upanishads, y el alma de todas las antiguas religiones. En una palabra, nuestro Buddhismo era una filosofía y no una teología”.

De modo que H. S. Olcott, no sólo contribuyó a la organización y difusión de la Teosofía a nivel mundial, sufriendo con los agotadores viajes los ataques de salud que adquiría en ellos, como los que ya arrastraba de antaño. Pero fiel a su promesa, logró penetrar las antiguas murallas de la separatividad que habían formado las dos grandes escuelas del Buddhismo, la del Norte y la del Sur, cuya falta de unión, debilitó su propagación y las religiones cristianas con los misioneros a la cabeza, avanzaban sin el mayor respeto, para desarraigar los pueblos de su ancestral cultura espiritual Buddhista. Las invasiones, inglesas como holandesas, tuvieron mucho que ver con ello al traer al país sus propias ideas religiosas Cristianas, pero también, esos hombres blancos, infundieron mucho miedo a esas poblaciones, y no se atrevieron a enfrentarlos, pero, la ayuda de otro hombre blanco como Olcott, investido de una profunda fuerza interior, más el amparo de su Maestro, resolvieron lo que los habitantes naturales de esos pueblos no lo podían hacer. El aura de lucha por reivindicar al Buddhismo se extiende luego hacia Japón, y como más arriba comentamos, Olcott obtiene un rotundo éxito, que lo acompaña toda la vida, por su lucha infatigable al servicio de su Maestro y por el Ideal más elevado que sus actos movían que era tratar de que la Sabiduría de todos los tiempos, pudiese detener la violencia insensata, como la aún artificiosa diferencia que hacen las castas, y temiendo por el incierto futuro, que traería el nuevo ciclo de la era del Kaly Yuga. Él sabía, que si la Humanidad, aunque sea en parte, se reconciliaba con los altos valores Morales que la Teosofía y el Buddhismo proponen, sería posible evitar los devastadores efectos del Egoísmo cruel y despiadado del Odio y las ambiciones materialistas que pueden llevar a toda esta Humanidad a su propia aniquilación por esa enfermedad que ya a llevado a otras culturas a desaparecer y muchas de ellas ni siquiera han dejado un sólo rastro de sus existencias. Él sabía, que la mayor parte de las religiones, habían perdido el rumbo para poder guiar a la Humanidad, y lo poco que estas ofrecían, estaba empañado por una superstición que más que libertad espiritual, eran un cárcel de miedos infundidos por las constantes amenazas de infiernos eternos.

Muchas veces el cansancio y el abatimiento intentaba destronarlos de sus tareas, Olcott y H.P.B. nunca dejaron de dar batalla contra todo inconveniente que se les presentó. Una variada actitud desagradecida de aquellos que ellos ayudaban desinteresadamente, los hizo más públicos, por las mentiras, desconfianza y calumnias que siempre amenazaron sus vidas, aún después de sus muertes, pero nadie hasta ahora logró igualarles, y estos dos Paladines del Servicio, y del Amor incondicional por toda la Humanidad, han sido y serán siempre un ejemplo a seguir. Cuando las fuerzas intentan flaquear en la vida de los Teósofos actuales, es necesario retomar la lectura sobre las desesperantes situaciones que ambos pasaron, nadie como ellos llegaron a conocer tan a fondo, la mal memoria humana, el olvido y la indiferencia, a pesar que Olcott fue reprendido por su Maestro porque no alcanzaba a entender las fogosas reacciones de H. P. Blavatsky, él reconocía ampliamente que H.P.B. había una sola, y que su alta Moral no le permitiría ningún desvío inmoral en su servicio hacia los Maestros y hacia esa Humanidad que tanto la maltrataba. Hoy las estatuas de Olcott, en varios centros Buddhistas lo recuerdan por su infatigable obra y muchos estudiantes de Teosofía abrazan las enseñanzas del Gran Iluminado, Gautama El Buddha; la Teosofía, nos abre un camino directo hacia esas enseñanzas que dejan completo el Sendero de la Auto-realización entre ambas Ciencias. H. S. Olcott le dejó a todos los estudiantes de Teosofía una profunda insinuación con su labor, hacia el Buddhismo.

Prueba de que el exigente esfuerzo dio verdaderos resultados, es que el mismo Dalai Lama, sea miembro de la Sociedad Teosófica de Adyar, reconociendo así la extraordinaria obra que los fundadores realizaron en favor del Buddhismo y que a partir de esos lejanos tiempos Teosofía y Buddhismo mantienen un vínculo fraternal. Y como todo evoluciona desde un punto hacia un abanico de nuevos sucesos, hoy en día muchas enseñanzas Buddhistas y partes esotéricas de las mismas, se encuentran en una gran variedad de libros escritos por Lamas, y no es difícil acceder a cuanta enseñanzas son dadas en ellos, es de suponer que si H. S. Olcott, hoy viviera, no podría dar crédito a lo que sus ojos verían, como una acción correcta, nos llegue a nuestros días con tan maravillosos resultados. Si bien muchos han sido los que siguieron la brecha del trabajo que inició Olcott y continuó con hombres brillantes y talentosos como A. Dharmapala, gracias a personas valientes como ellos, el Buddhismo se ha generalizado y avanza en la cotidianidad de toda la Humanidad.

Por último, Olcott narra como el sagrado vínculo entre él y H.P.B. se fortalecía, en los momentos en que parecían quedar huérfanos de todo, y como ellos se alimentaban con fuertes esperanzas al decirse mutuamente, “todo pronto pasará, ya verás, todo volverá a ser mejor que antes”. He aquí su narración:

“Para colmo de desdichas, al llegar de Ceylán encontramos a los miembros de Bombay inertes y a la Rama adormecida. Parecía que dos meses de ausencia hubiesen ahogado casi por completo el interés local por nuestra obra, y cuando el diario Indo, del que ya he hablado, comenzó sus ataques, nuestro cielo se oscureció bastante. Pero no perdimos el valor; el Theosophis apareció puntual todos los meses y nosotros sosteníamos una correspondencia enorme. Era una de esas crisis en las cuales H.P.B. y yo volvíamos a encontrarnos más unidos que nunca, ayudándonos y alentándonos mutuamente, ¿Que nuestros mejores amigos se convertían en enemigos? ¿Que los más fieles adherentes se alejaban? Nosotros aparecíamos el uno ante el otro siempre entusiasmados, tratando cada uno de persuadir al otro de que eso no tenía ninguna importancia, y que pasaría como una ligera nube de estío. Y además Sabíamos, porque teníamos de ello pruebas constantes que los Maestro por quienes trabajábamos nos envolvían con su potente pensamiento, que nos ponía al abrigo de toda desgracia y aseguraba el éxito de nuestra causa”. Y más adelante continua: “Nunca más que entonces, el centro de nuestra evolución se redujo a nosotros dos, y la única probabilidad de que el Movimiento sobreviviera, reposaba en nuestra existencia y nuestra perseverante energía.”

No había en ellos fe ciega alguna, sabían qué debían hacer, aunque faltaran los medios ellos trataron siempre de llegar con su incesante voluntad, confiaban plenamente en sus Maestros y la Ley, ellos, Los Maestros, jamás abandonan a sus fieles colaboradores, siempre la recompensa, es ver que la obra tiene la esperanza de proseguir hasta que cada ser Humano, logre su liberación de las causas del sufrimiento. Ellos no aspiraban a más que a eso, porque ellos sabían que “La Verdadera Libertad, es la Última, porque las demás Libertades, son sólo, Cambios de Esclavitudes” y de esas esclavitudes, nos enseñaron mucho pero además nos dejaron, los métodos a los cuales podemos recurrir, para llegar finalmente a esa última Libertad, desde la cual el mismo Gautama El Buddha, espera, que con su ayuda, pueda “Ver la espalda del último Hombre, entrando en Nirvana”.

 E.S.C.

Integrante del Centro

 

 


1- Extraído de La “Doctrina del Ojo” y la “Doctrina del Corazón” o del “Sello del Corazón”, originalmente publicado en The Esoteric Writings of Helena Petrovna Blavatsky.

2- Idem.

3- Originalmente publicado como Old Diary Leaves (Hojas de un Viejo Diario), en castellano fue publicado con este nombre aunque incompleto. Entendemos que actualmente se esta haciendo un esfuerzo en España por traducirlo completo.