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¿Dónde Trabajan los Maestros?

Por G. de Purucker

[Extraído del libro Wind of the Spirit, título original Where the Masters work. Traducción realizada por integrantes del Centro de Estudios de la Teosofía Original de Argentina en julio de 2014.]

 

¿Los Maestros ayudan e inspiran a otros además de los teósofos y de la Sociedad Teosófica? Estaría terriblemente avergonzado de cualquier teósofo que no pudiera responder a esta pregunta al instante. ¡Por supuesto que lo hacen! Por eso, una de nuestras enseñanzas fundamentales es que los Maestros ayudan, y que su inspiración se recibe en cualquier lugar donde haya una puerta abierta para ella. En otras palabras, donde el alma no esté rodeada por fronteras infranqueables, oscureciendo la luz y alejando la ayuda. ¡Por qué no! Y si la influencia de los Maestros no se hiciera sentir en instituciones ajenas a la S.T., como en verdad puede ser sentida, será porque han perdido contacto y se han encerrado tras las barreras infranqueables de las fronteras de pensamiento y sentimiento. La verdad es que los Maestros trabajan en cualquier lugar donde se les abran las puertas y se den las condiciones adecuadas para su trabajo.

Tome al siguiente pensamiento, que ha sido uno de mis sueños desde la infancia. Si la iglesia cristiana o las iglesias pudieran volver a las enseñanzas originales de su gran Maestro, al cristianismo realmente primitivo, los Maestros estarían trabajando a través de ellas como uno de los más grandes canales en el actual Occidente para ayudar a los hombres. Y si ellos no trabajan ahí, es porque la ayuda se ha bloqueado debido a las fronteras de pensamiento y sentimiento.

Respecto a la S.T., a menudo he señalado, que dependerá de nosotros si los Maestros continúan trabajando a través de ella como un instrumento como lo vienen haciendo o si la abandonan. Ellos nunca nos abandonarán mientras mantengamos nuestros corazones y mentes abiertas; pero si comenzamos a poner fronteras alrededor de nuestra conciencia, nosotros hacemos el trabajo de exclusión y no ellos. Los antiguos Griegos decían que los dioses visitaban las casas de quienes les abrían las puertas. Piense lo que eso significa. ¿Por qué no trata de atraer a huéspedes divinos y divinamente humanos?

Todo el problema con nosotros, y con la civilización, es que construimos fronteras a nuestro alrededor. No las construye la naturaleza. Están construidas por nosotros mismos, fronteras de exclusión en pensamiento, en sentimiento, en tradición, en todo. ¿Qué sucede con el hombre que se encierra en una celda y vive allí? ¿Quién pierde, el mundo o este necio? Dicha celda es una frontera para la conciencia. Y el hombre (o la civilización) precisamente es grande en la medida en que pueda romper con las barreras, con el hábito y la costumbre con que él mismo se ha rodeado, y mudarse a estadios más elevados de conciencia para jamás volver a crearse obstáculos.

¿Qué determina que una religión sea exitosa? ¿El edificio que se crea alrededor de sí misma producto del pensamiento y de las barreras de la exclusión? Por supuesto que no. La respuesta es obvia. Destruya las barreras, la puerta está abierta para todos.

 

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