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Práctica de la Unidad

Editorial Agosto 2016

 


Uno de los inconvenientes con el que se enfrenta un estudiante de Teosofía, es el poder explicar cómo y porqué somos una unidad de vida que ha entrado en la diversidad pasando por una cadena de ciclos enormes en un giro constante llamado evolución, siempre ascendente. La dificultad mayor es cómo se puede hacer entender y luego comprender que todos somos una fracción de esa unidad y que jamás nos hemos separado en realidad del tronco espiritual del cual procedemos. La confusión reside en el gran engaño que sufre cada individualidad, cada ser humano, en este mar de diversidades coloridos, diversos y atrapantes. Desde nuestro nacimiento, los instintos dominantes nos apegan a este fantástico mundo, con los años, tomamos toda nuestra existencia en él, como la única realidad. Lo peor, es que los hábitos  que se van adoptando en el lugar que se nace, nos van separando por una sociedad que desconoce la importancia de vernos como lo que somos, una parte integrante del todo y a la vez que todo lo existente está integrado, que nada existe fuera de nada pero que todo existe dentro del todo. Y esa existencia somos todos, luchando con las dificultades Kármicas que nos traen al escenario de la vida, donde llegamos con el error adosado de vernos siempre separados por castas, religiones, color de piel, raza, etc. y partimos de esta vida con el mismo y doloroso error. Todo gran hombre que pudo romper con la barrera del pequeño y egoísta yo, pudo comprender lo que es la Realidad del Yo, cómo de ese Yo todos procedemos y no existe ningún otro lugar donde ir porque sólo es existencia perpetua ese Yo. No existiendo fuera nada que no sea ese Yo, una vez que el Universo entra en su sueño de reposo, todo vuelve a ese Yo y somos siempre esa Unidad.       

Materia y Espíritu son esa Unidad, nunca están separadas, y esa separación sólo es posible en la visión obnubilada por los pares de opuestos en que se encuentra la mente humana. Pero, cuando la Mente superior se abre e ilumina la mente inferior, que ha estado dominada por los instintos y atributos de la materia, deja ver la Totalidad sin horizontes y la diversidad es sólo un tenue velo de Tamas, que ha comenzado a rasgarse para que nos veamos como un Todo en esa suprema Realidad.

El Sr. Geoffrey Farthing, expone maravillosamente sobre este tema tan dificultoso y lo más importante es que nos alerta que no hay que hacer prácticas de Unidad, sino que hay que comprender que somos esa Unidad.

Elegimos esta nota para nuestra Editorial del mes, por su valor intrínseco y a la vez, porque no es un tema que tiende a acabarse, sino que hay que ponerle mucha atención, sin un sentido de Unidad, poco o nada se progresa en el intento de una vida Espiritual.

“Te voy a familiarizar con mis principales manifestaciones divinas, porque la extensión de mi naturaleza es infinita. Yo soy el Ego que se asienta en los corazones de todos los seres; Yo soy el comienzo, la mitad y el final de todas las cosas existentes.”1

Presentado por E.S.C.

Integrante del Centro


 


 

Hablar de la práctica de la Unidad es realmente una contradicción, porque la Unidad es un estado del ser y no algo que pueda practicarse. Madame Blavatsky dice: “Esta Unidad es una cosa totalmente diferente de la idea común de la unidad, como cuando decimos que una nación o un ejército están unidos, o que este planeta está unido a aquel otro por líneas de fuerza magnética, o cosas semejantes. No es esa la enseñanza. Sino que todo es una sola cosa, no una colección de cosas unidas entre sí”.

Unidad es totalidad, plenitud. No tiene partes. Todo es de ella, no está en ella. Confundimos unión con unidad. H. P. B. dice también: “El Átomo, el Hombre, el Dios.... son cada uno separadamente, lo mismo que en colectividad, Ser Absoluto, en su Individualidad Real. Esta es la idea que debe mantenerse siempre en el trasfondo de la mente para formar la base de todo concepto que surja del estudio de la Doctrina Secreta. En el momento en que uno la deja ir -y esto es muy fácil que suceda cuando uno está ocupado en los muchos aspectos intrincados de la Filosofía Esotérica- sobreviene la idea de separación, y el estudio pierde su valor”.

No obstante, para que podamos ver las implicaciones de la unidad en la vida cotidiana, tenernos que pensar en las partes. La parte más importante es la Humanidad, con sus partes como hombres y mujeres individuales. Aunque el género humano es parte de la Naturaleza, puede considerársele como una totalidad. Está íntimamente unido con la Naturaleza, la cual lo sostiene, no sólo en el nivel físico sino en todos los demás, por el aire, la radiación, el calor, la luz y fuerzas síquicas y mentales que interpenetran y bañan todos sus cuerpos. Cada hombre es completo en sí mismo y refleja en su ser a todos los demás hombres. Los individuos no están separados unos de otros ni de ninguna cosa. Parecen estarlo, corporalmente, y así lo sienten en su mente.

Puesto que toda la Naturaleza funciona conforme a una ley, no puede haber aspectos o partes irreconciliables. Las partes se ajustan, se complementan y se equilibran recíprocamente. Cada parte no es sino una modificación local temporal de la Esencia Una en su aspecto como materia. Todas las partes están sostenidas por el “aliento de Vida” que anima todos los planetas y formas de existencia, grandes y diminutas.

El hombre tiene imaginación creadora y poder para hacer lo que desea, dentro de amplios límites. Sólo él puede ser una parte discordante. Todo lo demás actúa de acuerdo con la Ley de Armonía, la cual da expresión a la Unidad. Solamente en los asuntos humanos puede haber desunión.

La Teosofía postula que el hombre funciona como una individualidad espiritual y como una personalidad psico-somática. Esta personalidad es el instrumento de percepción y acción, y todas las personalidades son distintas como lo son las olas en la superficie del mar. Pero cada hombre se considera como una ola y no como el mar, y por tanto se siente separado de sus prójimos; actúa conforme a sus deseos, y por eso hay el choque de intereses personales.

Otro resultado de identificarse con la personalidad es la sensación de inseguridad, de insuficiencia, de deficiencia, de limitación. El hombre cree que puede contrarrestar sus deficiencias por medio de posesiones; se vuelve codicioso; cree que lo que importa no es lo que él es sino lo que tiene. En cuanto a su inseguridad, trata de ignorarla, lo cual crea un vacío psíquico que no puede llenar satisfactoriamente, o si no acepta la comodidad de la seguridad religiosa de una vida posterior, y esto lo lleva a las regiones de la creencia supersticiosa.

Estas dos cosas, la codicia y la superstición, son las dos grandes causas de desunión entre individuos y entre grupos. La superstición no ocurre solo en religión sino también en la ideología política. Sistemas, reglas, reglamentos y estrategias, resultan de opiniones que generalmente se forman de la experiencia. No podemos aquí tratar con detalles, sino apenas con principios, dos de los cuales son importantes.

El primero es que todos los hombres son diferentes en cuanto a capacidades, experiencias y deseos, y por tanto en lo que hacen y cómo lo hacen. Este es otro factor incipiente de desunión. El segundo es que para protegerse (primero contra la naturaleza, luego contra el ataque y la opresión) los hombres han tendido a agruparse. Estos grupos reflejan las características de sus componentes, y, por tanto, también están motivados por la codicia y la superstición, y producen semillas de antagonismos.

¿Qué podemos hacer para por lo menos introducir un elemento de armonía? Nada podemos hacer acerca de las diferencias entre los hombres, excepto tolerarlas. Pero es posible que sí podamos hacer algo entre los grupos. Podemos realizar la posición del individuo en sus relaciones individuales y grupales. Podemos buscar las causas de desunión y los modos de desarraigarlas. Podemos ver el efecto general de aplicar estos medios. Podemos ver cómo debe aplicarse la solución. Y por último, debemos reconocer que cualquier acción que haya de tomarse debe tomarla cada uno de nosotros.

Pero generalmente al realizar esto último termina frecuentemente el ejercicio; empiezan las excusas: “Yo no soy más que una persona corriente...”; “Yo no soy tan malo, o por lo menos tan malo como otros”; “Me queda muy difícil esto, pero sí veo que si otros obran así…”; “No tengo tiempo…”, y así sucesivamente. ¿Cómo puede hacerse algo jamás con estas actitudes? Tenemos lo que merecemos. Si no estamos dispuestos a hacer algo nosotros mismos por cambiar la situación, seguirá como está. Es cierto que todos somos personas corrientes, pero también todos tenemos algunas cualidades positivas. Todos tenemos el poder de elegir. Tenemos la capacidad, dentro de amplios límites, de hacer algo física y mentalmente; podemos usar nuestra imaginación. Podemos percibir, podemos aprender de la experiencia, podemos experimentar, sentir y simpatizar. Nuestras relaciones nos ponen en contacto con otros hombres que piensan, sienten y desean como nosotros.

Podemos examinarnos si tenemos codicia y superstición. Podemos examinar nuestros grupos, pero debemos tener en mente que para enderezarlos debemos enderezarnos nosotros mismos. Debemos examinar nuestra propia efectividad dentro de nuestros grupos, y, por último, pero importantísimo, debemos aceptar nuestra responsabilidad individual dentro de ellos.

Nuestros grupos deben volverse mutuamente simpáticos y ayudadores, mostrar amistad y confianza, calor de sentimientos y caridad recíprocas. Que con las diferencias de opinión haya tolerancia, y que exista voluntad de sacrificar algo por el bien de la comunidad en general. Todas estas virtudes debemos practicarlas en nosotros mismos si las queremos en nuestros grupos. No hay otro modo de eliminar la codicia y la explotación.

¿Qué decir de la inseguridad que nos hace aferrarnos a las posesiones y creencias? La inseguridad puede impedir la práctica de las virtudes deseables que son inherentes en todos nosotros. Nos da miedo practicarlas, o hasta permitir que se dude de nuestras creencias.

Es en esto que la Teosofía puede sernos de tan gran ayuda a nosotros separadamente, como también a la humanidad en general. Puede acabar con esa inseguridad básica. Puede llevarnos a realizar la relativa inimportancia de la personalidad que por el momento tenemos. Nos enseña la impermanencia de la personalidad y nuestra permanencia como chispas de la Vida Una. Nos muestra las limitaciones de la personalidad y el modo de libertarnos de esas limitaciones por el cultivo y ejercicio de la virtud. Con esta Libertad, una vez alcanzada, entramos conscientemente en la Unidad con todas las cosas y todos los hombres.

Geoffrey Farthing

 

 


1- Palabras de Kṛiṣṇa a Arjuna pronunciadas en la Bhagavad Gītā. Extraído del libro La Bhagavad Gītā con Comentarios a la Bhagavad Gītā por W. Q. Judge y R. Crosbie, pág. 229, colección The Theosophy Company, Esperia Editorial Teosófica.

 

Nota:

  • Publicado originalmente como “Unity in Practice” en la revista The Theosophical Journal, Enero-Febrero de 1967, Vol. 8, pág. 7, publicada en Londres, Inglaterra.
  • La presente traducción fue extraída de la revista Selección Teosófica, Septiembre 1967, n° 59, págs. 22-27, publicada en Bogotá, Colombia.