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El Misterio del Septenario

Editorial Septiembre 2016

 

Parece ser que nada escapa en la creación, a esa secuencia septeraria con la cual todo se desarrolla en el Universo.

Si bien complejos sistemas numéricos dan cuerpo a distintas geometrias y estas a diversidad de formas, siempre dentro de toda esa complejidad, reinará soberano el número siete.

Existe una Triada Divina, compuesta por Atma, Buddhi, Manas, esto es el Hombre Divino, según expresa W. Q. Judge, El Hombre Real es la Triada de Atma, Buddhi, Manas, o Espíritu, Alma y Mente y emplea ciertos agentes e instrumentos para ponerse en contacto con la naturaleza, a fin de conocerse a sí mismo. Estos instrumentos y estos agentes se encuentran en los Cuatro constituyentes inferiores, o Cuaternario. Cada uno de los principios es en si mismo un centro de percepción para la particular experiencia que corresponde a su propio campo de acción, siendo el cuerpo físico, el más inferior, el menos importante y el más transitorio de toda la serie1.

Es este Cuaternario el que permite que esa Triada obtenga la esencia de las experiencias que la harán Consciente de su Divinidad. Robert Crosbie nos dice: Nosotros somos la Trinidad, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, expresándonos en términos Teosóficos diremos: Atma, Buddhi, Manas. Atma es el Espíritu único, no pertenece exclusivamente a nadie, sino a todos. Buddhi es la experiencia sublimada de todo el pasado. Manas es el poder pensante, el pensador, el ser humano, el Hombre Inmortal2.

Junto a esa Triada, trabajan esos componentes que se forman vida tras vida física, llamados El Cuaternario inferior, este Cuaternario es el que se desintegra en cada existencia, y según el progreso que se haya efectuado en la misma, obtendrá un nuevo cuerpo en la siguiente vida, con los atributos alcanzados en la anterior, más los dispuestos por el Karma acumulado. Geoffrey Farthing, explica esto así: Es así que, de acuerdo a la Ciencia Esotérica, en el hombre hay siete principios o aspectos:

1) El cuerpo físico (Sthula sharira); el vehículo de todos los otros principios o aspectos durante la vida.

2) A la contraparte sutil (Linga sharira) o etérea del cuerpo físico, se le denomina de varias maneras: Cuerpo Astral o Doble, el Cuerpo Fantasma, Cuerpo Modelo. La Doctrina Secreta, afirma el nacimiento del Cuerpo Astral antes del físico, siendo el primero un modelo para el segundo.

3) El principio vital (Prana-Jiva) o fuerza de vida que penetra y anima el cuerpo físico. Solamente es necesario para los aspectos numerados 1, 2 y 4 en esta tabla y para las funciones mentales que operan por medio del cerebro físico.

4) El Vehículo de las pasiones y deseos más brutos. Ya que no existe un término preciso en Castellano, el término Kama-rupa, se traduce generalmente como cuerpo de deseos. Este no llega a ser un cuerpo separado sino hasta después de la muerte. Estando este cuarto principio en medio de los siete, se lo describe también como el centro animal, en donde reside la línea de demarcación que separa al hombre mortal de la entidad inmortal (La Clave de la Teosofía).

Estos cuatro forman juntos el Cuaternario inferior o la Personalidad Cuádruple, el hombre mortal, condicionado por su vida previa, pero formado de nuevo de acuerdo a la Ley Kármica para cada encarnación3.

Ahora bien, lo más complejo para un estudiante es el tratar de situarse mentalmente en la relación que el Septenario humano tiene con la Cadena de Globos, pues cuando todo el Ciclo de Evolución Septenario ha llegado a su fin, toda esa humanidad que ha ganado los derechos Kármicos dentro de un Globo, pasa, por el mismo impulso Kármico ganado, al siguiente Globo donde continuará por una serie Septenaria su Evolución. Esta Cadena de globos es Septenaria, pero, el hombre actual sólo percibe este mundo, nuestro actual planeta, remitámonos a lo que dice H.P.B. en La Clave de Teosofía sobre este asunto:

Preg. Entiendo que ustedes describen nuestra tierra como formando parte de una cadena de tierras.

Teós. Sí; pero las demás seis tierras” o globos no se encuentran en el mismo plano de objetividad de nuestra tierra, por eso no podemos verlas.

Preg¿Es esto por la gran distancia?

Teós. Para nada; ya que con nuestros ojos podemos ver planetas y hasta estrellas a distancias inconmensurablemente mayores. Estos seis globos son invisibles porque yacen fuera de nuestros medios físicos de percepción o plano del ser. No sólo su densidad material, peso o constitución son enteramente distintos de los de nuestra tierra y de otros planetas conocidos; sino que (para nosotros) están en un estrato de espacio totalmente diferente, por así decirlo; un estrato que nuestros sentidos físicos no pueden percibir ni sentir4. (Y continúa).

Toda esta información fue dada, desde el pasado, pero nunca completa, sólo H.P.B. revela este Septenario que nos ayuda a comprender más nuestra presencia Septeneria en el Universo manifestado y cómo y por qué estamos diferenciados dentro del mismo y a la vez somos una Unidad dentro y fuera de la Materia. Subba Row, se niega enfáticamente a revelar estos principios Septenarios por cuyo medio se Evoluciona, H.P.B. dice en La Clave de Teosofía: Preg. ¿Es lo anterior, lo que llamamos Espíritu, Alma y el hombre de carne?

Teós. No; no lo es. Esta es la antigua división platónica. Platón era un iniciado y, como tal, no podía divulgar detalles prohibidos; sin embargo, quien está familiarizado con la doctrina arcaica, encuentra el siete en las varias combinaciones de Platón acerca del Alma y del Espíritu5.

Muchos estudiosos e iniciados no podían revelar aún este Conocimiento que finalmente lo difunde ordenadamente H.P.B. para hacerlo comprensible a una humanidad que poco o nada conoce de su propia raíz Espiritual. Pero aún así, queda mucho más para investigar sobre este Septenario, pero indudablemente este es mucho más complejo y podrá ser revelado al hombre que abrace el Compromiso con su Si mayor, y por su entrenamiento ascendente en el campo de la Materia, adquiera ese derecho Kármico inevitable debido a sus esfuerzos. Estudiar y comprender la funcionalidad de estos principios, abren un inmenso abanico de necesaria información para proseguir sin mayores impedimentos por ese Sendero que nos ha traído a la etapa humana y este Conocimiento dejado por H.P.B. si lo seguimos investigando correctamente, nos impulsaráa la siguiente etapa de ese Sendero que es la del Hombre Espiritual.

Pero dejemos a Robert Crosbie decir esta última parte de este Editorial: Nosotros somos los Egos reencarnantes, empeñados en encarnarse hasta llevar a cabo la tarea que emprendieron. Esa obra consiste en elevar a la humanidad completa al nivel de perfección terrenal más elevado posible. Nos encarnamos edad tras edad para preservar lo justo, destruir la maldad y establecer la Justicia. Por eso estamos aquí, ya sea que lo sepamos o no, y antes de liberarnos de las penas que afligen a la humanidad total en todas sus partes, debemos realizar la inmortalidad de nuestra naturaleza. Tenemos que ponernos en contacto y en armonía con la totalidad de la naturaleza y de su propósito, que es la Evolución del Alma, para lo cual todo el Universo existe6.

E.S.C.

Integrante del Centro

 


1- El Océano de la Teosofía, de W. Q. Judge, pág. 34 (de la primera edición), publicado en castellano por The Theosophy Company.

2- La Teosofía Universal, de Robert Crosbie, pág. 38, publicado por The Theosophy Company.

3- La Deidad, el Cosmos y el Hombre, de Geoffrey Farthing, pág. 22, publicado por Blavatsky Editorial.

 4- La Clave de la Teosofía, de H. P. Blavatsky, pág. 88 (de la primera edición), publicado en castellano por The Theosophy Company.

5- La Clave de la Teosofía, de H. P. Blavatsky, pág. 90 (de la primera edición), publicado en castellano por The Theosophy Company.

6- La Teosofía Universal, de Robert Crosbie, pág. 39, publicado por The Theosophy Company.