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La Verdadera Teosofía

Editorial Marzo 2018

  


Es alentador el encontrar escritos como los de Franz Hartmann, este avanzado Teósofo pasó por varias circunstancias que parecían que lo desplazarían de la Teosofía, pero, finalmente, esta caló hondo en su ser y este escrito es fruto de ello, y demuestra por su profundidad cómo su comprensión se fue expandiendo y por ello dejó escritos como este para compartir con toda la Humanidad lo que su comprensión le dio a saber, esto demostró su misión cumplida, y la preservación de la Doctrina Original.

F. Hartmann, da varias explicaciones sumamente acertadas sobre lo que es la Sabiduría Divina y lo expresa así: “La verdadera Teosofía significa el Divino Auto-Conocimiento, el cual puede ser alcanzado sólo al encontrar la Verdad dentro de su propio Ser…”

Él sabe diferenciar claramente la sabiduría del hombre terrestre limitado a la ilusión del pequeño yo, con la Sabiduría Divina la cual se encuentra dentro del Ser y fuera de este en un todo claro Universal. Aquí, se puede observar, cómo las Tres Vías del Conocimiento Teosófico están de algún modo implícitas, porque demarcan cómo el hombre instintivo, evoluciona dentro de las necesidades impuestas por él mismo, los apegos a la “naturaleza material y los deleites imaginarios que el mundo sensual produce en el espejo de nuestra mente” y a la vez agrega “El conocimiento espiritual no pertenece al hombre material sino al espíritu que mora dentro de su naturaleza material”, esto es lo primero que comenzamos a conocer en Exoterismo y a continuación aparece una enseñanza Esotérica (que es la segunda Vía), “Él debe elevarse por encima de su naturaleza inferior y liberarse a sí mismo de la servidumbre impuesta sobre él por su encarnación en la materia, antes que pueda realizar el Estado Divino al cual su verdadera Naturaleza pertenece” y continúa finalmente diciendo de la Tercera Vía: “Desde esta esfera surgen las enseñanzas ocultas, las que son necesariamente verdaderas, pues se originan por la auto-percepción de la verdad y no a partir de alguna especulación filosófica. Pero sin importar cuan real pueda ser la verdad para aquel que vive en la verdad y posee la verdad, su representación no puede ser nada más que una teoría para aquellos que no la perciben”.

Este artículo es importante leerlo con detenimiento, de manera de poder captar el profundo mensaje que lleva principalmente a los que estudian esta Ciencia, esta Ātmā Vidyā, eterna e inmaculada y que gracias a el esfuerzo de muchos trabajadores como el Sr. F. H. llega a nuestro conocimiento de que es posible producir una transformación en nuestra personalidad si nos dedicamos con profunda voluntad a estudiar, y llevar a cabo el desprendimiento necesario de esos apegos tan transitorios como la vida terrestre misma.

Presentado por el Centro


 

 


 

Actualmente parece haber una gran confusión de ideas en relación al verdadero significado de los términos ‘Místico’, ‘Misticismo’ y ‘Teosofía’, y esto en modo alguno debe sorprendernos, porque ningún hombre puede ser un verdadero Místico a menos que el espíritu de la verdad eterna se haya convertido en una fuerza viviente dentro de su propia consciencia; ningún hombre en su aspecto como ser meramente intelectual puede ser un verdadero Teósofo, porque la Sabiduría Divina está por encima de toda comprensión terrestre, y pertenece únicamente a la parte divina del hombre; ni el verdadero Misticismo consiste en una especulación intelectual sobre ciertos secretos de la naturaleza, lo que en el mejor de los casos sirve para la gratificación de una curiosidad mórbida. La Sabiduría Divina no es un conjunto de nuevas doctrinas; las nuevas doctrinas, a lo sumo, sirven para ayudar a los estudiantes a sobrepasar los obstáculos que le impiden percibir de la Verdad. La verdadera Teosofía significa el divino Auto-Conocimiento, el cual puede ser alcanzado solo al encontrar la verdad dentro de su propio ser. La Teosofía no es una teoría inventada con el propósito de ‘convertir’ a un hombre desde su propia creencia en un conjunto de opiniones religiosa a otro conjunto distinto; sino que es una fuerza, una luz desde lo Divino, la cual le revela a cada uno lo que es verdadero en su propio sistema científico o religioso.

Esta luz no es alcanzable por nadie por medio de su propio esfuerzo personal; no puede ser construida, del mismo modo que no puede el hombre crear luz del sol. La sabiduría del hombre, basada en la ilusión del yo, no tiene fundamento en la verdad y es una ilusión; su ciencia trata solo con las apariencias y no con aquello que es eterno y real. Pero la Sabiduría Divina se encuentra en todos lados, la luz de la eterna verdad está dentro de uno mismo y fuera de nosotros, y no hay nada que le impida manifestarse en nosotros mismos, excepto nuestros propios prejuicios y errores, nuestros amores y deseos por aquello que no es permanente, sino ilusorio y evanescente. Nos aferramos a las sombras e ilusiones de la vida, porque no comprendemos profundamente su verdadera naturaleza. Adoramos la forma y perdemos de vista el espíritu. Así permanecemos ignorantes de nuestra propia naturaleza verdadera y no experimentamos la presencia de un poder divino en nosotros porque estamos inmersos en una crisálida de carne y hueso, y escuchando las voces de la naturaleza material y los deleites imaginarios que el mundo sensual produce en el espejo de nuestra mente.

El conocimiento espiritual no pertenece al hombre material sino al espíritu que mora dentro de su naturaleza material. Él debe elevarse por encima de su propia naturaleza inferior y liberarse a sí mismo de la servidumbre impuesta sobre él por su encarnación en la materia, antes que pueda realizar el estado divino al cual su verdadera naturaleza pertenece. Solo entonces alcanzara una nueva esfera de consciencia, nuevas percepciones y recuerdos aparecerán en él; se encontrará a sí mismo siendo otro ser, no atado a la tierra, y aquello que en otro tiempo le parecía oculto y misterioso le será claro.

Desde esta esfera surgen las enseñanzas ocultas, las que son necesariamente verdaderas, pues se originan por la auto-percepción de la verdad y no a partir de alguna especulación filosófica. Pero sin importar cuan real pueda ser la verdad para aquel que vive en la verdad y posee la verdad, su representación no puede ser nada más que una teoría para aquellos que no la perciben. Las enseñanzas Teosóficas no deberían por lo tanto ser confundidas con la Teosofía misma. Las primeras son una serie de doctrinas que intentan suministrarnos la información correcta sobre la constitución de la Naturaleza y del Hombre, y así ayudarnos a superar conceptos erróneos que se interponen en nuestro camino hacia la auto-percepción de la verdad; pero la Teosofía en sí misma esta tan por encima de toda teoría como la Razón lo está del razonamiento. Esta no requiere argumentos para probar su existencia, porque es en sí misma su propia prueba, cuando es alcanzada; esta es divino auto-conocimiento, el conocimiento propio del verdadero Ser en el Hombre.

Franz Hartmann

 


Notas:

  • Este texto es un extracto de la Introducción de un artículo titulado The Foundation of Christian Mysticism (Los Fundamentos del Misticismo Cristiano) que fue publicado originalmente en la revista Lucifer Nº6, Febrero de 1893, pág. 467 et seq.
  • Se desconoce el autor de la presente traducción, la misma fue revisada y corregida por integrantes de grupo de traductores de nuestro Centro.