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Australia... una brasa encendida de dolor en el corazón del mundo

Editorial Enero 2020

  

La mayor parte de la humanidad, se ha sentido conmovida con la trágica noticia sobre los incendios que han abrazado dolorosamente a Australia. Una vez más, la mano asesina de los hombres asociados con grandes sequías, han convertido a este paraíso natural en un dantesco infierno. Las personas que seguramente han estado a cargo de detener este infernal incendio, es probable que se hayan tenido que ajustar a asuntos políticos y económicos sin prever que el fuego nada entiende de esos pormenores y siguió su devastador proceso. 

Parece ser que el intento, es el de dejar a este planeta tan calvo como se pueda y sin ninguna especie animal que lo habite, exceptuando sólo a quien ha producido estos desatinos imperdonables… el hombre. 

Los que amamos y respetamos la Naturaleza, sentimos en el Alma un irrefrenable dolor, ver miles de animales, millones, perecer sin escapatoria, gente que lo ha perdido todo incluyendo sus vidas, y la misma tierra ha perdido su piel que se desangra yerma y seca. 

¿A esto podemos llamar civilización?... ¿Es esta especie humana merecedora de un planeta con todas sus especies?… ¿Es el hombre cumbre del intelecto y de una ciencia avanzada tan inteligente como se arroga serlo?… Creo que no podemos llamar a esta humanidad civilizada, como tampoco ser merecedora de un planeta tan vivo y tan lleno de vida como este, y no podemos llamar inteligente o de alto intelecto a una civilización que permite que ocurran desastres inconcebibles y de tamaña magnitud como el del Amazonas y ahora este de Australia. Mientras estos desastres ocurren, el mundo con su indiferencia está más dispuesto a escuchar las noticias de los inconscientes hombres envilecidos por el poder, que están jugando a la guerra, poniendo en vilo a quienes nada queremos saber con nada que tenga que ver con ese infame poder tan transitorio como lo es la vida de estos envilecidos hombres, que en su engreimiento, quieren verse como los que dominan al mundo entero. Nada más equivocado que esto, ni EEUU, con todo su poder armamentístico, podrá llevar a cabo ninguna destrucción, tal vez se olvida de mirar hacia el cielo y ver que desde hacen muchos años estamos siendo vigilados y que en una galaxia nadie hace lo que quiere, sino lo que le permiten. 

Nada borrará de la memoria de la Naturaleza, este descomunal desastre, el llanto y la desesperación de la mujer que perdió su santuario que protegía a los canguros, se ha convertido en un inmenso alarido de dolor que recorre todo el Universo, ¡cómo no conmoverse y sentir una descomunal impotencia, al ver tanto que jamás se recuperará! La humanidad acaba de perder uno de los mayores santuarios del planeta… toda esta carga no pasa desapercibida para los ojos de esa Justicia Divina… todo problema humano lo podemos resolver, menos restituirle el hogar y la vida a todas esas especies que lo han perdido todo incluyendo su cadena de evolución, y la posibilidad de volver en otras especies como acostumbra la Ley de oportunidades para toda especie. 

Todo esto, no es para nada algo para sentirse orgulloso, es si, para sentir una onda vergüenza humana, y a la vez sentir que como humanos, estamos fallando a cada instante de nuestras limitadas vidas, a esos mandamientos que de cumplirlos nos acercarían a Dios… sin embargo, no se necesita ser muy inteligente para ver la enorme distancia que hemos puesto entre él y nosotros, con nuestros desatinados actos... 

CADA HERIDA AL PLANETA, OCASIONADA POR EL HOMBRE, ABRIRÁ UN ABISMO ENTRE ÉL Y YO, PORQUE LE FUE DADO ESTE MUNDO, NO SÓLO COMO SU HOGAR, SINO, PARA QUE LLEVE A CADA CRIATURA EN SUS BRAZOS, AL MISMO NIVEL HUMANO QUE ÉL MISMO ALCANZÓ, PORQUE ANTES DE SER HUMANO, FUI YO, QUIEN LO LLEVÉ EN MIS BRAZOS”… De Aquel que todo lo creó. 

 

Manuel Fernández
Integrante del Centro