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El estudiante de Teosofía y su relación con los Maestros de Sabiduría

Editorial Agosto 2013

 

El estudio de la Teosofía nos conduce a entender algunas verdades eternas acerca del origen, evolución y destino del Universo y del hombre.

Estos conocimientos han sido enseñados y transmitidos a través de todas las grandes civilizaciones del mundo antiguo por los sabios eruditos de esas naciones hasta donde las condiciones espirituales, políticas, económicas, etc., lo han permitido.

La humanidad ha pasado por etapas en que estas verdades filosóficas casi desaparecen de la faz de la Tierra, la mente se obscurece, crece el materialismo y con él el egoísmo, la avaricia, el ansia de poder y placer a cualquier precio. Pero la misma ley cíclica hace que la verdadera Filosofía reaparezca. A veces puede ser a través de gobernantes sabios, grandes filósofos, sacerdotes, maestros, que han surgido en diferentes épocas, en diferentes tiempos, con diferentes modalidades adecuadas a las características de las naciones a las cuales dirigen su mensaje. Pero la Filosofía, el mensaje en lo medular, es el mismo.

Un ejemplo entre este cúmulo de verdades consiste en saber que todo en el mundo manifestado tiene vida, no hay nada muerto en el Universo. Estamos inmersos en un mar de vida. La materia se transforma, pero no muere, ni se pierde, ni se crea. Todo se transforma constantemente en diferentes formas. Todo se mueve, vibra, evoluciona y todo tiene una conformación septenaria, desde la partícula más pequeña, hasta el ser más complejo, por lo tanto todo tiene consciencia, cada cosa y cada ser en su propio y adecuado nivel.

“Cada punto matemático del espacio es una mónada, un punto de consciencia, porque toda infinitud es consciencia infinita” “Por lo tanto cada punto de la infinitud debe ser un centro de consciencia, una mónada séptuple, que tiene su Átman, Buddhi, Manas y así sucesivamente, porque el Universo está construido de estos siete materiales reducibles a un solo material causal: el Espíritu, consciencia, Átman.” – “Acerca de la Mónada” Por G de Purucker Atma Vidya.

El razonamiento y una especie de instinto lógico nos hacen pensar que si existen en nuestro planeta seres menos evolucionados que los humanos, como son los minerales, los vegetales y los animales, entonces deben existir también seres más evolucionados comparados con el humano común.

La escala evolutiva universal es tan amplia tanto por debajo como por encima del hombre que si hablamos de elevación moral, logros intelectuales, conquista de los grandes secretos de la naturaleza, poderes, santidad de vida, desarrollo de virtudes como la disciplina, el altruismo, la compasión, la sabiduría, la filantropía, etc., descubriremos que por encima del estado de desarrollo en que se encuentra la humanidad, existen jerarquías, verdaderos ejércitos de seres cada vez más adelantados espiritualmente, que reciben diversos nombres según el nivel alcanzado por sus poderes y capacidad de servicio en el Universo manifestado.

Ellos no son dioses pero ordenadamente jerarquizados constituyen la Deidad. Los más cercanos al hombre son los Adeptos. Ellos son seres humanos, hombres (y mujeres) perfeccionados que han completado su aprendizaje en lo que respecta a este escalón del Sendero. Han logrado los grados más altos de desarrollo intelectual, moral y espiritual posibles en el hombre.

“Los adeptos son una necesidad en la naturaleza y en la supernaturaleza. Son los eslabones entre los hombres y los dioses; estos “dioses” vienen siendo las almas de grandes adeptos y Maestros de razas y edades pasadas, y así sucesivamente, hasta el umbral del Nirvana. La continuidad es ininterrumpida.” – H.P. Blavatsky y sus maestros. Atma Vidya, Vol. I No. 2.

Todo en el Universo está en constante evolución, todo es perfectible, por lo tanto la condición de humanos es transitoria. Los que con mucho respeto llamamos Adeptos, Mahatmas, Maestros, alguna vez fueron seres humanos comunes como nosotros y cuando alcanzaron durante una vida un estado de santidad y pureza, aunque incipiente y un deseo de servir a la humanidad, atrajeron la atención de un Maestro y después de períodos de probación y disciplina fueron aceptados como discípulos y continuaron en el aprendizaje y la práctica hasta alcanzar la primera iniciación en el Sendero del adeptado.

No sabemos todo acerca del trabajo que realizan los Maestros, pero sí tenemos la información, a través de H.P. Blavatsky, de que una de sus prioridades es mantener viva la vida espiritual de la humanidad y de que una de sus aspiraciones es lograr que ésta, conforme una verdadera hermandad universal.

William Q. Judge, uno de los fundadores de la Sociedad Teosófica, afirma: “En algunos períodos ellos son bien conocidos por la gente y se mueven entre los hombres comunes y corrientes, cada vez que lo permite la organización social, la virtud y el desarrollo de las naciones. Porque si ellos se manifestaran abiertamente y se supiese de ellos en todas partes, serían adorados como dioses por algunos y perseguidos como diablos por otros”. – “Océano de la Teosofía” p 3.

Su labor no es nada fácil. En “Las cartas Mahatma” un maestro ha escrito: “He laborado por más de un cuarto de siglo día y noche para mantener mi lugar dentro de las filas de ese ejército invisible que labora y se prepara para una tarea que no puede traer retribución sino sólo la consciencia de que estamos haciendo nuestro deber con la humanidad”. – Carta XXXI, p 242.

Ellos no desean ni necesitan adoración, ritos o plegarias; aman y sienten compasión por la humanidad en el estado en que se encuentra; tienen un conocimiento más claro acerca de la Unidad del que nosotros podemos percibir.

El estudiante de Teosofía, el investigador de estas Verdades Eternas, mantiene en su corazón, un sentimiento de profundo respeto, gratitud y reconocimiento por el trabajo de estos instructores de la humanidad. Su existencia es una de sus creencias más firmes. Tiene fe en los maestros. Esta fe no es impuesta por autoridad alguna ni dogmática, es una fe razonada, enriquecida por el estudio y la meditación.

 

   Por Ligia Vázquez

Integrante del Centro de Estudios Tosóficos de Yucatán

 

 

Presentación

Siguiendo con las Editoriales mensuales, este mes, invitamos a una hermana de la Ciudad de Mérida, México, que es una de las fundadoras del “Centro de Estudios Teosóficos de Yucatán”. A Ligia Vázquez, la conocimos en una de las visitas que hicimos a Mérida, los lazos de fraternidad se extendieron entre nosotros y fue un motivo de gran alegría cuando nos visitó en su viaje a Argentina. Su correcta visión de las cosas como el grado de sus opiniones, nos suman a ese grupo de amistades que la conocemos y admiramos, pero lo que más atrae de su personalidad, es su humildad y su servicio, pocas veces en la vida, tenemos la oportunidad de encontrarnos con seres que reflejen con tanta autenticidad estas cualidades tan preciadas.

Tendremos la oportunidad de ver en su escrito, la profundidad de un mensaje que habla al Alma de toda la Humanidad, es en esta simpleza donde se puede encontrar la riqueza profunda y espiritual de la Teosofía, bellamente expresada.

 

 Manuel Fernández

Integrante del Centro