Algunas Palabras Sobre la Vida Diaria

(Escrito por un Maestro de Sabiduría)

Editorial Enero 2015

 


En estas instrucciones dadas por un Maestro de Sabiduría, podemos observar como deja al descubierto la batalla que libra constantemente el hombre con sus instintos, sus apegos y su egoísmo, provocando juicios erróneos y una competencia dañina y perniciosa en contra de sus mismos camaradas.

Entrar al Movimiento Teosófico es internarse en un camino de pruebas que el estudiante mismo convoca, si no prevalece el sentido común, se verá arrastrado por la pendiente de las opiniones especulativas de personas que pierden el tiempo elaborando juicios en contra de aquellos que intentan impulsar el trabajo y el conocimiento Teosófico a toda la Humanidad. Estos especuladores que usan como arma el escarnio y la mentira, para quedar bien ellos, ante la opinión pública, deberían saber que están corriendo el riesgo de ser arrastrados por la fuerza de Karma, que siempre vigilante cobrará al contado el daño inferido.

Los verdaderos trabajadores, rara vez reaccionan ante esas injusticias, conocen que, una porción importantísima de energía se pierde indefectiblemente en ello, y es más útil gastar esa energía en un trabajo depurador en lo personal o difundiendo, según los medios que disponga, la síntesis de lo aprendido en Teosofía.

Muchos son los que han pasado por la fragua de los mal intencionados, al parecer son los Skandhas del Movimiento Teosófico, ya que esto lo sufrió su fundadora, H. P. Blavatsky, y también una larga cadena de trabajadores que hicieron su tarea sin reaccionar y en ese silencio maduró su Ser Interno dejando un patrimonio de enseñanzas de inestimable valor para los continuadores de esta ardua tarea Teosófica.

La unión pedida por estos Maestros, tanto dentro de cualquier institución Teosófica, como entre todas las instituciones Teosóficas, no se ha visto coronada hasta el momento, sino levemente y el Movimiento Teosófico solo puede ser fortalecido a través de esa unión. Por ello, es que esta instrucción del Maestro, cobra una enorme importancia, en momentos en que la Humanidad comienza a entrar en un período en que el sufrimiento se desplaza por el planeta a escalas inimaginables.

El Maestro expone cómo debe ser la conducta desde lo individual, o en conjunto, y como se debe evitar ser juez y verdugo de quienes mueven la rueda del Karma laborando a favor de la Humanidad.

Llevar lo aprendido al terreno práctico de la vida, fomentando la unión fraternal entre los que formamos el Movimiento Teosófico en el mundo, dando ejemplo de Hermandad solidaria a través de la colaboración mutua, restará poder a toda mala intención, evitaremos que nuestro “cuaternario yo, el gigantesco pigmeo”, ensombrezca la tarea de aquellos grandes y silenciosos trabajadores del pasado y del presenteentonces… ¡manos a la Obra!

Presentado por Manuel Fernández

Integrante del Centro


 

Es solo la filosofía divina, la unión espiritual y psíquica del hombre con la naturaleza, la cual, revelando las verdades fundamentales que yacen escondidas bajo los objetos del sentido y la percepción, puede promover un espíritu de unidad y armonía a pesar de la enorme diversidad de los credos conflictivos. La Teosofía, por lo tanto, espera y demanda de los Miembros de la Sociedad una gran tolerancia mutua y caridad para los defectos de cada uno, ayuda incondicional recíproca en la búsqueda de las verdades en cada departamento de la naturaleza, moral y físico. Y esta norma ética debe ser aplicada resueltamente en la vida diaria.

La Teosofía no debe representar meramente una colección de verdades morales, un atado de éticas metafísicas, compendiadas en disertaciones teóricas. La Teosofía debe hacerse práctica; y, por consiguiente, tiene que ser librada de desvíos inútiles, en el sentido de alocuciones inconsistentes y discurso refinado. Dejen que cada Teósofo haga sólo su deber, lo que puede y sería necesario hacer, y muy pronto la suma de la miseria humana, dentro y en los alrededores de cada Sección de su Sociedad, se encontrará visiblemente disminuida. Olviden su Yo al trabajar por los demás, y la tarea se volverá fácil y liviana para ustedes…”

No coloquen su orgullo en el aprecio y el reconocimiento de los demás por ese trabajo. ¿Por qué cualquier miembro de la Sociedad Teosófica, que lucha por convertirse en un teósofo, debe darle algún valor a la opinión buena o mala de sus vecinos sobre él o su trabajo, en tanto que él mismo sepa que es útil y beneficioso para otras personas? En el mejor de los casos, el elogio y el entusiasmo humano son efímeros; de seguro son seguidos por la risa del burlón y la condena del espectador indiferente, y por lo general estos pesan más que los elogios de admiración de los amigos. No desprecien la opinión del mundo, ni provoquen inútilmente la crítica injusta. Más bien permanezcan tan indiferentes al maltrato como a la alabanza de aquellos que nunca podrán conocerlos como realmente son, y que por lo tanto encontrarán, que ninguno de los dos los afecta, y pongan siempre la aprobación o condena de su propio Yo Interno, por encima de aquellas de la multitud.

Aquellos de ustedes que quieran conocerse en el espíritu de la verdad, aprendan a vivir solos incluso en medio de las grandes multitudes que puedan rodearlos eventualmente. Busquen comunión y relación sólo con el Dios dentro de su propia alma; préstenle atención solo a la alabanza o al reproche de esa deidad que nunca puede estar separada de su ser verdadero, ya que este es ciertamente, ese Dios en sí mismo: llamado la Consciencia Superior. Pongan sin demora sus buenas intenciones en práctica, jamás dejen que una sola permanezca sólo en la intención; sin esperar, mientras tanto, ni recompensa ni reconocimiento por lo bueno que puedan haber hecho. La recompensa y el reconocimiento están en, y son inseparables de ustedes mismos, dado que es solo su Ser Interno quien puede apreciarlas en su verdadero grado y valor. Pues cada uno de ustedes contiene, en el recinto de su tabernáculo interno, la Corte Suprema fiscal, defensa, jurado y juezcuya sentencia es la única sin apelación; puesto que nadie puede conocerlos mejor que ustedes mismos, una vez que hayan aprendido a juzgarse por la luz nunca vacilante de la divinidad interna, su Consciencia superior. Por lo tanto, que las masas, que nunca podrán conocer el verdadero ser de ustedes, condenen a sus seres externos con sus propias luces falsas…”

La mayoría del Areópago público está compuesto generalmente de jueces auto nombrados, que nunca han hecho un dios permanente de ningún ídolo, salvo de su propia personalidad: su ser inferior; Pues a aquellos que intentan seguir su luz interna, en su andar por la vida, nunca se los encontrará juzgando, mucho menos condenando, a los más débiles que ellos. ¿Qué importa entonces, si los primeros [estos jueces] condenan o alaban, si los humillan o los exaltan hasta ponerlos en un pedestal? De todos modos ellos nunca los comprenderán. Pueden hacer un ídolo de ustedes, siempre y cuando vean imaginariamente un fiel reflejo de sí mismos en el pedestal o altar que han alzado para ustedes, y mientras los entretengan o beneficien. No pueden esperar ser nada más para ellos que un fetiche temporal, sucediendo a otro fetiche que acaban de derrocar, y seguidos a su turno por otro ídolo. Dejemos, pues, a los que han creado ese ídolo, destruirlo cuando quieran, derribándolo por tan poco motivo como el que tuvieron para su creación. Su sociedad occidental no puede vivir sin su Califa de una hora, ni puede adorarlo por un periodo más largo; y cada vez que quiebra a un ídolo y lo cubre luego con barro, no es a él, sino a la imagen desfigurada que su propia fantasía distorsionada creó y que ha dotado de sus propios vicios, lo que la sociedad destrona y destruye.

La Teosofía solo puede encontrar una expresión objetiva en un código de vida omniabarcante, impregnado completamente con el espíritu de tolerancia mutua, caridad y amor fraternal. Su Sociedad, como un cuerpo, tiene una tarea delante de ella que, al menos que se realice con la máxima discreción, causará que el mundo de los indiferentes y egoístas se levante en armas en su contra. La Teosofía tiene que enfrentar la intolerancia, el prejuicio, la ignorancia y el egoísmo, que se esconde bajo el manto de la hipocresía. Tiene que irradiar tanta luz como pueda desde la antorcha de la Verdad, que es confiada a sus agentes. Esto debe ser hecho sin miedo ni duda, sin temer reproche ni condena. La Teosofía, a través de su portavoz, la Sociedad, tiene que decirle la Verdad en la cara a la Mentira; tomar al toro por las astas sin pensar ni temer las malas consecuencias y desafiando la calumnia y las amenazas. Como Asociación, no solo tiene el derecho, sino también el deber de desenmascarar el vicio y hacer lo mejor posible para remediar las injusticias, ya sea a través de la voz de sus conferencistas seleccionados o la palabra impresa de sus revistas y publicaciones; aun así, haciendo estas acusaciones tan impersonales como sean posibles. Pero sus Socios o Miembros, no tienen tal derecho individualmente. Sus seguidores, primero que nada, tienen que sentar el ejemplo de una moralidad firmemente delineada así como firmemente aplicada, antes de que obtengan el derecho de señalar, incluso con un espíritu amigable, la ausencia de unidad ética similar y una unidad de propósito, en otras personas o asociaciones. Ningún teósofo debe censurar a un hermano, sin importar que sea dentro o fuera de la asociación; tampoco puede difamar las acciones de otro o denunciarlo, no sea que pierda el derecho a ser considerado un teósofo. Puesto que, como tal, tiene que apartar su mirada de las imperfecciones de su vecino, y más bien centrar su atención sobre sus propias deficiencias, con el fin de corregirlas y volverse más sabio. Que no se dedique a mostrar la disparidad entre lo que dice y lo que hace otro, sino, ya sea en el caso de un hermano, un vecino, o simplemente un compañero, más bien que se dedique siempre a ayudar al más débil que él, en el arduo camino de la vida.

El problema de la verdadera Teosofía y su gran misión es, primero, la elaboración de conceptos claros e inequívocos de las ideas y deberes éticos, tales como para satisfacer mejor y más plenamente los sentimientos justos y altruistas en los hombres; y segundo, el moldeado de estos conceptos de tal modo de adaptarlos a la vida diaria, lo que ofrecerá un campo donde puedan ser aplicados con mayor equidad.

Tal es el trabajo público colocado delante de todos los que estén dispuestos a guiarse por estos principios. Es una tarea laboriosa, y requerirá un esfuerzo arduo y perseverante; sin embargo los llevará al progreso sin que se den cuenta, y no les dejará lugar para ninguna aspiración egoísta fuera de los límites trazadosNo caigan, personalmente, en comparaciones nada fraternales entre la tarea llevada a cabo por ustedes y el trabajo dejado sin hacer por sus vecinos o hermanos. En los campos de la Teosofía, nadie es considerado para desmalezar una parcela de terreno más grande que la que le permita su fuerza y capacidad. No sean demasiados severos con los méritos y deméritos de alguien que busca ser admitido entre sus filas, ya que la verdad acerca del estado actual del hombre interno solo puede ser conocido por Karma, y solo puede ser tratado con justicia por aquella Ley que todo lo ve. Incluso la simple presencia entre ustedes de un individuo simpatizante y bien intencionado puede ayudarlos magnéticamenteUstedes son los trabajadores libres y voluntarios en los campos de la Verdad, y como tales no deben dejar obstáculos en el sendero que conduce a ese campo.

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El grado de éxito o de fracaso es el hito que los maestros tienen para seguir, ya que constituirán las barreras puestas con sus propias manos entre ustedes y aquellos a quienes han solicitado que sean sus instructores. Mientras más se aproximen a la meta contemplada, más corta será la distancia entre el estudiante y el Maestro.

 

  


Notas:

  • Este artículo fue publicado originalmente en la revista Lucifer Vol. I, Nº 5, págs. 344-346.
  • La traducción fue realizada por integrantes del Centro de Estudios de la Teosofía Original en Argentina.